Una amplia y cinematográfica costa que combina acantilados escarpados con calas turquesas — donde la luz del sol y la sal se mezclan para crear momentos que perduran mucho después del regreso del viajero.
Desde los acantilados dentados del Cap de Creus hasta las calas escondidas entre Begur y Tossa, la Costa Brava es una coreografía de color y memoria.
Las terrazas de olivos, los senderos con aroma a pino y el aire salado y dulce crean una intimidad natural con el Mediterráneo.
Este es un lugar para las mañanas sin prisa, las cenas que se alargan y las tardes bañadas por la luz del Mediterráneo.
El carácter de esta tierra —sus texturas, sus atardeceres y el compás de sus pescadores— invita a vivir días que parecen sacados de una película.

Playas infinitas, vida vibrante y espíritu costero: Platja d’Aro es el punto donde el Mediterráneo nunca se detiene.
Entre bosques y valles, Santa Cristina combina naturaleza, calma y autenticidad en el corazón verde de la Costa Brava.
Entre mar y tradición, Sant Feliu vibra con historia, acantilados y una energía mediterránea que conquista todo el año.

Entre acantilados, bosques y calas escondidas, la Costa Brava ofrece un escenario único donde la naturaleza invita a moverse.
Correr junto al mar, pedalear entre montañas o entrenar bajo el sol mediterráneo: aquí, cada paisaje inspira energía y libertad.
Un entorno salvaje, auténtico y lleno de vida, perfecto para disfrutar del deporte en su estado más puro.

La Costa Brava no solo se vive en el campo: también se disfruta en sus calles, terrazas y boutiques.
Pasea entre tiendas con encanto, saborea la cocina mediterránea en restaurantes frente al mar y descubre un ambiente donde el ocio se mezcla con la autenticidad local.
Entre shopping, tapas y atardeceres, cada día aquí se convierte en una experiencia para los cinco sentidos.